Ian Svenonius me recuerda cada vez más a Mark Smith, ambos son unos auténticos genios a la hora de gestionar su producto musical sin dejar de resultar creíbles, tienen una personalísima visión del mundo y, probablemente posean algún tipo de poder extrasensorial o capacidad superdesarrollada para atraer a la gente, especialmente a mujeres jóvenes, guapas e interesantes. No hay más que echar un vistazo a las novias que han tocado con ellos en sus grupos.
Después de leer "Estrategias sobrenaturales para montar un grupo de rock" he descubierto que yo también podría caer víctima de sus encantos sin dudarlo, porque, ahora estoy segura: este hombre no dice más que verdades como puños, algunas de esas verdades ya las sabía, pero otras, no era capaz ni de imaginarlas. Sí, ya sé que la mayor parte de lo que dice es fruto de la conspiranoia típica de izquierdosos washintonianos y otra parte es delirio de barra de bar, pero, oye, todo muy bien dicho, y en general, aunque no todo sea verdad, no tenemos por qué dejar de pensar que tal vez lo sea, al fin y al cabo, nunca lo sabremos, así que por qué no creerse estas teorías tan plausibles, lúcidas y divertidas.
Yo nunca podría explicar tan bien esta certeza:
El ciudadano medio forma parte de una amplia comunidad de aficionados a la música no comprometidos, a quienes no les importa lo que escuchan, aunque tras someterse a una repetición interminable de una canción pueden convencerse de que les gusta. Entre este tipo de personas, la "mala reputación" puede traducirse en influencia política, fama y, por supuesto, riqueza. Paradójicamente, para lograr seducir a esas personas es necesaria una enorme cantidad de capital --obtenido generalmente mediante una confabulación corporativa-- y una fidelidad estricta a las normativas radiofónicas y al statu quo estético.
Otra verdad conocida por todos, es aquella que vincula determindadas personalidades con instrumentos, en esta línea tengo que reconocer que hay una página de Paco Alcázar insuperable sobre este tema, pero Ian tampoco se queda corto:
Al elegir a los miembros de la banda hay que tener en cuenta que los patrones de conducta humanos son flexibles. El instrumento que toca cada persona determinará su actitud, categóricamente. Los bajistas suelen elegirse por su estilo y por lo general son personas calladas y afables. Los guitarristas suelen ser controladores, temperamentales y quisquillosos. Los cantantes, inseguros por la naturaleza altamente personal de su contribución se comportan como políticos. Los baterías son más gregarios, pero a menudo generan problemas de estilo y agresividad. Cuando una persona cambie de instrumento, generalmente cambiará también de personalidad para adatarse a su nueva función.
Igualmente, todos sabemos que Inglaterra está especializada en vendernos la moto, en todo, y que en música es algo descaradísimo, pero Ian lo cuenta con mucha gracia:
Se trata de una treta habitual en Inglaterra, debido al ciclo acelerado de la maquinaria pop y a la atención que dispensan allí las publicaciones musicales. La cultura creada por los viejos semanarios de rock en el Reino Unido persiste y crea un mundo miope en el que el menor capricho, cambio de humor o declaración por parte de una banda se magnifica e hipnotiza a los espectadores, a tiempo que teje un un relato alrededor de las bandas que sería imposible en países más grandes y, por lo tanto, más lentos. En Inglaterra, basta con que un batería cambie de marca de barritas de cereales o que un cantante haga un comentario despectivo casual sobre algún colega de profesión para que todo el país quede paralizado, hechizado, Mientras tanto, su homólogo en Estados Unidos está cruzando Dakota Sur en coche.
Siguiendo en la línea de vendernos la moto, me encantan sus teorías sobre los Beatles, un grupo que para mí siempre será de música infantil (salvo aquello que grabaron drogados con otras cosas):
Si bien los primeros trabajos de los Beatles estaban ya llenos de canciones de amor convencionales para niñas preadolescentes ("She loves you"), más tarde se marcaron como objetivo una franja de edad aún más joven. "Octopus´s Garden", "Magical Mystery Tour", "I am the Walrus", "Hey, Bulldog" y "Strawberry Fields", con una sensibilidad absurda inspirada en las películas de terror gótico, son canciones dirigidas a los niños --que viven fascinados por el terror, una de las especialidades de los Beatles--. Es cierto que la invención del adolescente y su nuevo poder adquisitivo durante los años de posguerra tuvieron una gran influencia en la industria, pero su capacidad económica nunca superó la de los padres, los adultos que compran para los más pequeños. [...] Más tarde, cuando el joven crezca, su banda preferida de la infancia se convertirá en un recuerdo nostálgico, un elemento central de su identidad al que profesará una devoción poco menos que irracional, como el catolicismo para los católicos.
Cuando uno ve algo que considera "bonito" en una película, una obra de arte, una canción o en la vida, en realidad lo que siente es nostalgia de un ideal intuido durante los años de formación, ya casi olvidados. Nos pasamos la vida intentando perpetuar mediante la repetición las cosas que vimos de jóvenes. Atacando la sensibilidad de los más pequeños y ocupando agresivamente su conciencia, los Beatles se aseguraron que varias generaciones de bandas los imitaran, los citaran como su influencia más antigua y les juraran fidelidad eterna, a ellos y a su modelo.
Partiendo del tema de la también es capaz de analizar con gran lucidez el momento actual:
En Estados Unidos, incluso los jóvenes sienten nostalgia y empiezan a acumular recuerdos de la infancia en cuanto perciben que el incinerador tecnológico de la realidad presente se les echa encima sin piedad. Hoy la nostalgia es instantánea, y los recuerdos digitales son exhumandos tras las secuelas inmediatas de cualquier acontecimiento. "¿Por qué las cosas no pueden ser como la semana pasada/ ayer/ hace un minuto?", se preguntan las películas.
En esta línea satírica sobre el presente, me encantó leer estas dos ideas:
Cuando unas décadas más tarde apareció Internet, financiado también como herramienta militar, se convirtió en una especie de extensión de esa `mentalidad de autopista´, con su indiferencia respecto a la humanidad y sus circunstancias. Actualmente, sumidos en el paradigma de Internet y la tecnología digital, las autopistas nos parecen increíblemente arcaicas y, mientras conducimos por ellas, no podemos evitar preguntarnos `¿Por qué no puedo llegar a mi destino mandando un email?´
Actualmente muchas personas han adoptado hábitos "ecológicos" e intentan aplacar la ira que su egoísmo y despilfarro provocan en el planeta a base de ofrendas de residuos cuidadosamente separados
Pero lo que nunca llegué a sospechar es esta explicación de las vedaderas intenciones por las que se expandió el rock and roll:
Estados Unidos necesitaba exportar una forma artística y un estilo de vida capaces de seducir a los simpatizantes del bolcheviquismo en las naciones capitalistas y, al mismo tiempo, de instalar una sensación de envidia, temor y humillación en los habitantes del bloque soviético. Además, debía vincular esa forma artística a la promesa de un `estilo de vida´ que conectara con el individualismo y la `libertad´ mística del mundo capitalista, y que llevara a los afectados a racionalizar la brutalidad del desempleo sistémico, las grotescas discriminaciones raciales y un sistema de clases indefendible que otorga claramente todos los privilegios a una casta ungida.
Es posible que lo que define la música rock, mucho más que la electrificación de los instrumentos, sea esa transgresión moentánea: blancos que `van de negros´, negros cantando `música blanca´, burgueses actuando como proletarios, hombres civilizados que se presentan como monstruos, cuerpos que fingen ser máquinas, chicas que quieren pasar por chicos o, con mucha más frecuencia, hombres vestidos como prostitutas de una película de Felini (como en el caso de Poison, los New York Dolls, Prince, L.A. Guns o Motley Crüe). La clase dirigente tolera este cambio de roles dramático y transformador porque mantiene intactas las relaciones de poder tradicionales, que se ven cuestionadas solo de forma momentánea y simbólica, en el contexto de farsa interpretada por una casta artística especial.
Y aunque jamás lo había pensado, creo que todo lo que comenta relacionado con el rock and roll y el sexo es la única explicación posible:
En realidad, el rock `n´roll no es sexo, sino precisamente un sustituto de las conquistas eróticas. Los buenos músicos deben abstenerse totalmetne de mantener relaciones sexuales si quieren conservar su energía chi tanto en el escenario como en el estudio de grabación. La relativa facilidad con que se realizan conquistas sexuales en el mundo moderno es la culpable de que la música contemporánea sea tan asquerosamente mediocre.
Especialmente sus teorías sobre la masculinización del rock y el origen de las groupies:
La industria de la música estaba decidida a sexualizar y, sobre todo, a heterosexualizar su mano de obra, en gran medida andrógina. El mito de las groupies se forjó para evitar que las masas hetero sintieran repugnancia ante la creciente abundancia de pelo largo, pantalones apretados, botas de punta, sensibilidades continentales afeminadas y estilos de vida estrafalarios que se observaban en el ámbito de las bandas.
Toda esta obsesión sexual tiene su origen en el golpe de estado patriarcal contra el género del rock que tuvo lugar alrededor de 1964, y es el resultado de que un único sexo tenga que habitar los espacios tanto masculino como femenino, el yin y el yang. Después de que los hombres expulsaran a las mujeres del rock, se vieron obligados a interpretar los dos papeles y a llevar toda la ropa. Como en la antigua Grecia, donde el joven héroe era el objeto único de adoración y deseo, el rock `n´roll dejó un espacio muy reducido para la mujer, más allá del papel de Groupie entregada (y, básicamente, despreciada). Los Beatles, los Stones, Funkadelic o T. Rex se desenvolvieron eun un paraíso narcisista de amor masculino que encumbraba a estrellas en una cabalgata de adoración fálica.
El mito de la groupie arraigó en la imaginación femenina a causa del limitadísimo papel de las mujeres en el mundo del rock, un entorno masculino extremadamente homogéneo, sobre todo a partir de la invasión de los Beatles, los cantantes y los grupos vocales de ambos sexos habían estado más o menos igualados, y bandas femeninas como las Orlons, las Angels, las Crystals, las Corlettes o las Donays competían con los Coasters, los Contours, los Olympics, los Isleys o El Capris.
Creo que hay que tener en cuenta su enfoque sobre este tema para entender que siempre se encuetre tan bien acompañado por mujeres, y es que cómo puede alguna resistirse a esto:
El siglo XXI ha sido testigo del advenimiento y consolidación de los grupos femeninos underground, lo que ha provocado un cambio de paradigma que se exacerbará aún más en el futuro. Todavía más severa es la marginalización del roquero hombre. Con el tiempo, asistiremos al desmantelamiento y sustitución de la constelación tradicional y casi exclusivamente masculina de "estrellas" consolidadas. Este revisionismo tan necesario provocará un registro de pseudoeventos tan irreales y quiméricos como el chovinismo masculino de la erudícción roquera que hemos conocido hasta hoy.
En definitiva, todo nos iría mucho mejor si hubiese más Ian Svenonius por el mundo, no solo en el de la música. Ian Svenonius es, verdaderamente, mi tipo de hombre, incluso con esos dientes y el gato muerto que lleva en la cabeza:
