13 ago 2014

WILLIAM SHAKESPEARE: HAMLET



Supongo que este es el texto más citado de la historia de la literatura:

HAMLET. -- Ser o no ser: he aquí el problema. Cuál es más digna acción del ánimo, ¿sufrir los tiros penetrantes de la fortuna injusta, u oponer los brazos a este torrente de calamidades y darles fin con atrevida resistencia? Morir es dormir. No más. Y con un sueño la aflicciones se acaban y los dolores sin número, patrimonio de nuestra débil naturaleza... Este es un término que deberíamos solicitar con ansia. Morir es dormir.... y tal vez soñar. He aquí el gran obstáculo; porque el considerar qué sueños pueden desarrollarse en el silencio del sepulcro, cuando hayamos abandonado este despojo mortal, se siente un motivo harto poderoso para detenerse. Esta es la consideración que hace nuestra infelicidad tan larga, haciéndonos amar la vida. ¿Quién, si esto no fuese, aguantaría la lentitud de los tribunales, la insolencia de los empleados, las tropelías que recibe el pacífico, el mérito con que se ven agraciados los hombres más indignos, las angustias de un mal pagado amor, las injurias y quebrentos de la edad, la violencia de los tiranos, el desprecio de los soberbios, cuando el que todo esto sufre pudiera evitárselo y procurarse la quietud con sólo un puñal? ¿Quién podría tolerar tanta opresión, sudando, gimiendo bajo el peso de una vida molesta, si no fuese porque el temor de que existe alguna cosa más allá de la muerte (país desconocido, de cuyos límites ningún caminante torna) nos embaraza en dudas y nos hace sufrir los males que nos cercan, antes de ir a buscar otros de que no tenemos seguro conocimiento? Esa previsión nos hace a todos cobardes; así la natural tintura del valor se debilita con los barnices pálidos de la prudencia. Las empresas de mayor importancia, por esta sola consideración, mudan camino, no se ejecutan y se reducen a designios vanos. Pero... ¿qué veo? ¡La hermosa Ofelia! Graciosa niña, espero que mis defectos no serán olvidados en tus oraciones.

Y me toca copiarlo justo el día en que comienzco con la lectura de El hombre rebelde de Albert Camus. Por lo que no puedo evitar la sensación de que estas obras conversan entre ellas. La manera de enfrentarse a la muerte determina la vida de cada individuo, pero también la cultura colectiva y en consecuencia la historia. Me parece que antes del XVIII la vida era algo tan difícil que morir no pintaba tan mal como puede parecernos ahora. ¿Tenían quizás la impresión de que el alma estaba en el cuerpo y por eso llegan a estas recreaciones góticas y ultraconscientes del cuerpo en descomposición?

HAMLET. -- No adonde pueda comer, sino a donde es comido, entre una nomerosa congregación de gusanos. El gusano es el monarca supremo de todos los comedores. Nosotros engordamos a los demás animales para engordarnos, y engordamos a nuestra vez para el gusanillo, que nos come finalmente. El rey gordo y el mendigo flaco son dos platos diferentes, pero los dos sirven a una misma mesa. En esto termina todo.

La actitud ante la muerte también propicia la venganza. Los que amamos la vida, no toleramos que esta le sea arrebatada a nadie y menos a un ser querido, de suceder esto, muchos defenderemos la venganza personal, aunque no la pena de muerte (a lo Sade). Laertes se rebela a la manera que Camus describe: buscando reestablecer el orden, porque nadie, absolutamente nadie debe arrebatar la vida de otro. Ese desorden antinatural solo puede ser pagado con la misma moneda y mientras eso no suceda, todo lo demás debe pasar a un segundo plano. Todos los otros órdenes dejan de ser importantes si el primero no se cumple. Así entiendo yo esta apasionada y perfectamente lógica intervención de Laertes:

LAERTES. -- ¿Y cómo ha sido su muerte...? No, a mí no se me engaña. Váyase al infierno la fidelidad, llévese el más negro demonio los juramentos de vasallaje, sepúltense la conciencia, la esperanza y la salvación, en el abismo más profundo... La condenación eterna no me horroriza; suceda lo que quiera, ni éste ni el otro mundo me importan nada... Sólo aspiro, y este es el punto en que insisto, sólo aspiro a dar completa venganza a mi difunto padre.

Ser mortales nos obliga a esperar o a pensar siempre en la muerte: "no estoy muriendo ahora pero algún día lo estaré", para mí esa es una de las mayores dificultades de estar vivo, saber que se va a morir y no cuándo ni cómo. Para profundizar más en este tema, quizás es mejor ir directamente a Séneca. Pero Shakespeare nos obliga a experimentarlo catárticamente a través de unos personajes más consistentes y creíbles que la mayoría de las personas:
 
HAMLET. -- No, no... Me burlo de tales presagios. Hasta en la muerte de un pajarillo interviene una providencia irresistible. Si mi hora es llegada, no hay más que esperarla; si no ha de venir después, señal que es ahora; y si ahora no fuese, habrá de ser luego: todo consiste en hallarse prevenido para cuando venga. Si el hombre, al terminar su vida, ignora siempre lo que podría ocurrir después. ¿qué importa que la pierda tarde o temprano?. Sepa morir.

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